lunes, 27 de abril de 2015

ORACIÓN DEL VAMPIRO HEMBRA (CUENTO CORTO)

ORACIÓN DEL VAMPIRO HEMBRA

Desde los altares, desde los fuegos íntimos de la oscuridad resplandeciente en sangres derramadas, desde las encarnadas filigranas de otras vidas, mi nombre –que jamás ha sido pronunciado sin consecuencias fatales- se yergue incólume al pasado.
He andado por caminos desérticos en busca del elixir que me sustenta, del líquido pegajoso que se bebe caliente. Mis brazos se han enroscado alrededor de mil cuerpos dativos, encendiéndolos para luego quemarlos en mi voraz necesidad.
Como una brújula loca, mi cerebro y mis sentidos me han indicado siempre la correcta ubicación de las víctimas propiciatorias. Nunca he fallado. Siempre he logrado encontrarlas.
No soy un ave, pero me parezco a ellas. Tengo el sublime poder de sobrevolar los páramos y las ciudades.
No soy un monstruo, pero acciono conforme a la mentalidad de la bestia. Tengo mil tentáculos invisibles que aprisionan sin asfixiar, que zarandean sin romper. Mi hálito es fresco como el de una virgen y pernicioso como el de un demonio.
Cientos de veces he mirado a los ojos a los que devoro mientras imploraban mi piedad. Nunca la he ofrendado.
Lágrimas de sal agonizante se han derramado sobre mis pechos, pero jamás han hallado el placer lujurioso que habían prometido.
En medio de los estertores, rodeada de ese fango que genera la muerte, he danzado de placer y de felicidad con mi vientre colmado de alimento.
¡Oh, desde lo más remoto del tiempo he podido resurgir como un Fénix glorioso sin mácula!
¡Oh, línea dura que delimita el final, cuán bello ha sido desgarrarte y masticarte en un ansia extrema de subsistencia!
Cubierta de sangre fresca, saltando como una fiera enloquecida, abriendo el silencio con mis estentóreas carcajadas. La ceremonia deseada carece de pasión. Es simplemente un espasmo de implacables devenires.
El Destino se complace cada día al entregarme a quienes han de fenecer bajo mis manos. Manos hermosas de uñas afiladas.
La negra noche me cobija como a su hija más preciada y colabora incondicionalmente en cada espectáculo de muerte.
Por eso, desde cada altar, desde cada cubículo escarlata, mis dientes brillan como lunas llenas. Y mi lengua saborea la metálica tibieza necesaria.
Soy inmortal.
Tengo mil años.
Soy un vampiro.


27/12/20011

No hay comentarios:

Publicar un comentario