ORACIÓN
DEL VAMPIRO HEMBRA
Desde
los altares, desde los fuegos íntimos de la oscuridad resplandeciente en
sangres derramadas, desde las encarnadas filigranas de otras vidas, mi nombre
–que jamás ha sido pronunciado sin consecuencias fatales- se yergue incólume al
pasado.
He
andado por caminos desérticos en busca del elixir que me sustenta, del líquido
pegajoso que se bebe caliente. Mis brazos se han enroscado alrededor de mil
cuerpos dativos, encendiéndolos para luego quemarlos en mi voraz necesidad.
Como
una brújula loca, mi cerebro y mis sentidos me han indicado siempre la correcta
ubicación de las víctimas propiciatorias. Nunca he fallado. Siempre he logrado
encontrarlas.
No
soy un ave, pero me parezco a ellas. Tengo el sublime poder de sobrevolar los
páramos y las ciudades.
No
soy un monstruo, pero acciono conforme a la mentalidad de la bestia. Tengo mil
tentáculos invisibles que aprisionan sin asfixiar, que zarandean sin romper. Mi
hálito es fresco como el de una virgen y pernicioso como el de un demonio.
Cientos
de veces he mirado a los ojos a los que devoro mientras imploraban mi piedad.
Nunca la he ofrendado.
Lágrimas
de sal agonizante se han derramado sobre mis pechos, pero jamás han hallado el
placer lujurioso que habían prometido.
En
medio de los estertores, rodeada de ese fango que genera la muerte, he danzado
de placer y de felicidad con mi vientre colmado de alimento.
¡Oh,
desde lo más remoto del tiempo he podido resurgir como un Fénix glorioso sin
mácula!
¡Oh,
línea dura que delimita el final, cuán bello ha sido desgarrarte y masticarte
en un ansia extrema de subsistencia!
Cubierta
de sangre fresca, saltando como una fiera enloquecida, abriendo el silencio con
mis estentóreas carcajadas. La ceremonia deseada carece de pasión. Es simplemente
un espasmo de implacables devenires.
El
Destino se complace cada día al entregarme a quienes han de fenecer bajo mis
manos. Manos hermosas de uñas afiladas.
La
negra noche me cobija como a su hija más preciada y colabora incondicionalmente
en cada espectáculo de muerte.
Por
eso, desde cada altar, desde cada cubículo escarlata, mis dientes brillan como
lunas llenas. Y mi lengua saborea la metálica tibieza necesaria.
Soy
inmortal.
Tengo
mil años.
Soy
un vampiro.
27/12/20011
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